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Mini luna de miel en Miami


Hoy debería estar aterrizando en Miami. Iba a ser el primer viaje con mi papá ya que nunca habíamos viajado juntos. Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… y ¡Hola coronavirus!. El viaje quedó postergado hasta quién sabe cuándo.

Aproveché la fecha para motivarme (o mejor dicho obligarme) a retomar la escritura del blog y hacer el post que me había quedado pendiente de Miami. Es que estuve medio desaparecida porque un nuevo proyecto laboral se apoderó de mí. Le estoy poniendo todo y el blog tuvo que esperar, pero no me olvidé de vos así que no te me pongas celoso.

En noviembre pasado hicimos una mini luna de miel a Miami con Sebastián, mi marido, festejando los 20 años juntos y los 11 de casados. ¡Qué numeritos! ¿No? Le iba a regalar un viaje solos a Bariloche pero resulta que un hotsale dejó los pasajes a Miami a precio de chiste, tenía las millas así que cambié de destino sin pensarlo. Armamos las valijas, dejamos a los peques en casa y nos escapamos para disfrutar 4 días de vida adulta. Era mi 5ta o 6ta vez en Miami y, contra todo pronóstico, visitamos pocos shoppings para ir a lugares que no conocíamos.

Para empezar el viaje nos alquilamos un auto descapotable, bien Miami style. Esas cosas que no te interesan hacer hasta que tenes hijos y no podes hacerlas más. Salimos del aeropuerto con la peluca al viento, ¡gran comienzo!

Nos hospedamos en el Grand Beach Hotel y nos regalamos una habitación con vista al mar, porque habiendo crecido en Mar del Plata, y viviendo en Buenos Aires hace más de 10 años, extraño pocas cosas como tener el mar cerca. Amanecer ante la inmensidad azul me da una paz y una alegría que me energizan la vida.

Sebastián, mi marido, y yo somos amantes de la gastronomía. Entonces elegir restaurantes no es un detalle menor en la planificación de nuestros viajes. A los dos nos gusta comer buena carne y si hablamos de carne hablamos de Smith & Wollensky. Ya habíamos comido en el local de NY (ese donde entra corriendo Anne Hathaway en el Diablo viste a la moda) y el de Boston una antigua armería que para los amantes de la historia como yo es un lujillo especial. No sabía que Smith & Wollensky tenía local en Miami, lo descubrí por casualidad cuando me fui a comprar una malla para el viaje y la vendedora del local me dio sus recomendaciones, muy copada ella. Cuestión que Smith & Wollensky no solo está en Miami sino que tiene una locación increíble. Almorzas o cenás con vista a Fisher Island y al canal.

Después de un almuerzo que ameritaba una siesta nos fuimos a recorrer Wynwood Walls. Ese lugar donde todos sacan fotos alucinantes en Miami y se puso de moda hace un par de años. Además de sus murales el barrio está lleno de tiendas de deco y diseño que vale la pena recorrer. Lamentablemente la lluvia nos corrió y no pudimos pasearlo como nos hubiese gustado. Un pendiente para volver.

El segundo día partimos hacia Key Biscayne un cayo a 22 km. de Miami con reservas naturales y playas oníricas. Seba iba manejando a lo Don Johnson con la capota baja y yo luchando con mis pelos volados. Una vez que ingresamos al parque nos dirigimos al final del cayo donde está el faro Cape Florida Lighthouse. El mismo data de 1825 y tenía como fin alumbrar a los marineros que llegaban a las costas de Miami. Recientemente pasó por un período de renovación y se puede subir de forma gratuita.

En el camino a la playa que es pública van a ver varios mapaches que si bien pueden resultar simpáticos son grandes ladrones de comida, no les des la espalda. Pasamos todo el día entre las gaviotas, el mar y un relax total.

El tercer día decidimos hacer playa frente al hotel, también salir a caminar un rato por el camino costero de Miami desde donde se ven todas las casillas de guardavidas de distintos colores que adoro.

Por la tarde visitamos el Brickell City Centre, un shopping relativamente nuevo, con una excelente propuesta de shopping y gastronomía, es un lugar que vale la pena visitar. Mi elegidos para cenar o tomar algo: uno es Quinto La Huella, de los mismos dueños de La Huella de José Ignacio lugar que amamos. Con ambientación adaptada pero menú casi igual que el restó de playa que enamora a todo aquel que lo visita. Otra opción más de nightlife es el rooftop Sugar, para escuchar buena música y tomar unos tragos con la ciudad de Miami como escenario.

Esos 3 días y medio de desconexión nos hicieron volver con pilas (de energía y de regalos) para nuestros pollitos. En mi opinión Miami se disfruta y, aunque hayas ido muchas veces, siempre tiene algo nuevo para ofrecer.

¿Vos sos pro o anti Miami?

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