Budapest, tres ciudades en una

November 11, 2019

 

Budapest fue el último destino en el viaje que hice con mis hermanos. La llegada fue tragicómica (ver La odisea de llegar a Budapest) pero la ciudad nos conquistó de inmediato. La encontramos más descascarada y sucia que Praga y Viena, los otros destinos que visitamos en este viaje. Insignificantes detalles que quedaron olvidados ni bien pusimos un pie en la orilla de Danubio y vimos el castillo de Buda junto al Bastión de los Pescadores en una ribera y enfrente el Parlamento de Húngaro.

 

 

Llegamos en un momento muy particular para la ciudad, hacía sólo 5 días que se había hundido un barco con 33 personas a bordo (un contingente de turistas coreanos, los guías y el capitán del barco), de las cuáles solo sobrevivieron 8. El Danubio, habitualmente plagado de barcos, estaba desierto. Sólo barcos y botes militares surcaban sus aguas en tareas de rescate para reflotar la embarcación y  recuperar los cuerpos de los desaparecidos. A la altura del puente Margit, donde se hundió el barco, la ribera se había convertido en un estudio de televisión a cielo abierto. Decenas de camarógrafos y periodistas, principalmente coreanos, seguían el minuto a minuto de las tareas de rescate. Un altar improvisado de ofrendas con mensajes, para mi indescifrables, hicieron de esta parte del río un templo en honor a las víctimas.

 

 

El segundo día visitamos el Castillo de Buda y el Bastión de los Pescadores. Cruzamos por el puente de las cadenas y subimos por el funicular. El valor del viaje es de 4€ y el ascenso breve, pero las vistas son para morir. El Danubio, el puente de las cadenas y el parlamento de Budapest todo en una postal inolvidable. El funicular  fue inaugurado en 1870 y luego de la segunda guerra mundial tuvo que ser reconstruido, al igual que el castillo de Buda. La impactante cúpula de bronce que se alza orgullosa y es visible desde cualquier punto de la ribera, fue destruida en un bombardeo. Si bien el castillo fue restaurado, el esplendor de sus salones quedó solo en la memoria de las fotos blanco y negro.

 

 

Desde el Castillo de Buda nos fuimos caminando hasta el Bastión de los Pescadores, uno de los lugares más instagrameados de Budapest. Es un complejo de terrazas que recibe su nombre de los pescadores que defendieron las murallas de la ciudad en la edad media. Fue construido en el año 1895 y sus 7 torres representan a las siete tribus magiares que se establecieron en este lugar en el año 896. Este mirador es ideal para disfrutar las vistas de lo que antiguamente era Pest, con el Parlamento Húngaro como estrella.

 

En frente al bastión se encuentra la iglesia de Matías. Un templo de estilo Neo Gótico con un techo de mosaicos coloridos que invita a la contemplación. Otro lugar interesante para visitar es el Labirintus, una prisión medieval donde dicen que estuvo cautivo Vlad Tepes, el terrible príncipe que inspiró la novela Drácula.  Se encuentra a sólo 200 mts del bastión y la entrada para adultos es de 9 euros.

 

 

Si lo que buscan es descanso y relax, no pueden dejar de visitar los Baños de Széchenyi. Un complejo de piscinas termales  de estilo renacentista construido entre 1909 y 1913. Sacamos el pase diario con 45 minutos de masajes por un valor de 45 euros. Todos los dolores por los kilómetros caminados en este viaje de 10 días en el que conocimos Praga – Viena – Budapest quedaron en esas aguas termales. Salimos totalmente relajados y con la piel billante como si tuviera glitter. Es indispensable llevar: malla, toalla, protector solar y ojotas (si se olvidan algo lo pueden adquirir o alquilar ahí mismo). Fanáticos de las pool party este dato es para ustedes: algunos noches se organizan fiestas con luces, DJ y ¡mucha onda!

 

 

 

Otras atracciones cercanas a Széchenyi: el Castillo de Vajdahunyad, la Plaza de los Héroes, la Avenida Andrassy y el Museo Casa del Terror, un memorial para las víctimas de los regímenes del terror de Hungría.

 

  

 Bonus Track

 

Algo que me llamó la atención de Budapest fueron sus estatuas. Recorriendo la ciudad iba encontrando por todas partes estatuas de bronce. Algunas solemnes como los zapatos del Danubio, creación de Can Togay y Gyula Pauer. Un total de 60 pares de zapatos que reflejan la cruel realidad que vivieron los judíos, a quienes obligaban a sacarse el calzado antes de ser fusilados para que el río se llevara sus cuerpos. Y otras más alegres como el policía gordo o la princesita. También encontré una del poeta Attila József, la del político húngaro Imre Nagy y la de Ronald Reagan en las cercanías del parlamento. Sobre los leones del puente de las cadenas se construyó una de las mayores leyendas urbanas. Dicen que el artista Marschalkó estaba embelesado con su obra, pero cuando un niño descubrió los leones no tenían lengua se arrojó desde el puente perdiendo la vida. Aunque es un mito suma mística para quienes visitan la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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